¿Formación o experiencia laboral?

Autor: Luis Gurrea, orientador del Centro SERVEF de Llíria y autor del blog  Te oriento

La importancia de que el aspirante contara con una formación específica, además de una amplia experiencia laboral, era relativa en el mercado laboral anterior a la crisis económica. Entonces, pese a la precariedad de los contratos, las ofertas de trabajo se contaban por miles, y las posibilidades de cambiar de puesto sin pasar por la oficina del paro eran muchas.

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En ese entorno de alta demanda de trabajadores, la prioridad del empleador era encontrar al profesional que reuniera las habilidades y experiencia necesarias para desempeñar con relativa solvencia las tareas requeridas. Los aspectos formativos pasaban a un segundo plano, y en muchas ocasiones era el propio empleador el que ofrecía esa especialización al trabajador tras la firma de su contrato.

Ese modelo se vino abajo cuando, con la llegada de la crisis económica, se disparó el desempleo, y la demanda de trabajadores prácticamente desapareció en determinados sectores.

A partir de ese momento, ya no va a valer contar con la experiencia necesaria para desempeñar el puesto de empleo, “ser un gran profesional”, porque el proceso de selección se va a basar en el currículum. Y en esas circunstancias nos encontramos actualmente.

Seguramente el aspirante no va a tener la oportunidad de demostrar sus competencias profesionales, ya que el corte en la selección se va a producir en un momento muy anterior a la entrevista de trabajo. La selección principal se produce por los datos formales de su perfil laboral contenido en el currículum, y ya no en soporte papel, sino a través de redes sociales profesionales como Linkedin.

Cuando la cantidad de trabajadores cualificados que buscan un empleo es alta, la importancia de poder acreditar  la formación requerida por el empleador es esencial. Es ese apartado el que  va a acaparar toda la atención del seleccionador de personal, y donde se va a producir el principal corte.

Es lo que ocurre con las ofertas de trabajo que gestionan los servicios públicos de empleo. Cuando un empleador acude a publicar una oferta de empleo y se encuentra con que hay miles de interesados que cuentan con la experiencia profesional que demanda, directamente pasa a solicitar una formación cualificada. Así descarta en primer término a aquellos aspirantes sin el título de Graduado en Eso, y reduce el número de currículums a valorar. Si tras esa primera criba el número de candidatos sigue siendo elevado, el siguiente paso es demandar bachiller, idiomas y carnets profesionales.

Aunque varía en función del tipo de puesto de trabajo ofertado,  actualmente los perfiles laborales demandados por el mercado de empleo son muy cerrados, y dan prioridad a los aspectos formativos y técnicos. Resulta muy fácil ser descartado por no estar en posesión de las titulaciones que exige la oferta, aun teniendo sobrada experiencia en el sector.

De igual manera, una persona que busque trabajo y no cuente con el Graduado en Eso, va a aquedar excluida de la posibilidad de ser candidata a las acciones formativas de los servicios públicos de empleo. El motivo es que esos cursos cuentan con certificado de cualificación profesional, cuya normativa europea exige que todos los participantes cuenten con el Graduado en Eso.

Conseguir un certificado de cualificación profesional es una buena opción para adquirir un nivel formativo que complemente la experiencia profesional en un determinado sector.

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